La imagen de la vejez se ha asociado a una visión biológica de
decrecimiento, condicionada por los estereotipos negativos que recaen sobre
ella, minando lenta y progresivamente la consideración que las personas mayores
tienen de sí mismas, de su modo de ser y de comportarse.
Agrupados en colectivos
homogeneizados, se consideran como frágiles, enfermos, dependientes,
deteriorados, depresivos, rígidos. Se les asigna un lugar desvalorizado y marginal
en la sociedad. Se pone el énfasis en el componente costoso de la atención
pública en el Estado de Bienestar y se les asigna un papel pasivo,
minusvalorando su actividad y los beneficios que podrían derivarse de ellos.
Nos enfrentamos a la discriminación por edad, "el edadísmo".
Pero el envejecer es un
proceso complejo. Las personas mayores forman un grupo heterogéneo, producto de
historias individuales, complejas y diversas, con necesidades distintas. En el
último tercio del siglo XX tuvo lugar la revisión de ciertos códigos culturales
con la convicción de que debería haber una reacción alternativa contra los
mitos populares de dependencia, lo que ha posibilitado el fortalecimiento del
concepto de persona mayor, reconstruyendo su identidad.
Las nuevas generaciones de
personas mayores comienzan a derrumbar las imágenes negativas asociadas al
proceso del envejecimiento, haciendo valorar su voz y reclamar sus derechos.
En este sentido el término
"empoderamiento" es de reciente incorporación a los estudios científicos
en España, Es un neologismo de la palabra inglesa "empowerment",
utilizada para ciertos grupos sociales carentes de poder, para asumir el
control sobre sus decisiones y problemas. Implica un proceso por el que los excluidos eleven sus niveles de confianza, autoestima
y capacidad para responder a sus propias necesidades participando y defendiendo
sus derechos y tomando conciencia sobre la situación de injusticia en la que
viven y la consiguiente búsqueda de un cambio. Ello ha conducido a que las
personas mayores intervengan activamente a través de sus organizaciones y redes
sociales, consolidándose como un grupo de poder, facilitando el mayor ejercicio
de roles, funciones y derechos así como la posibilidad, de ser agentes en el
análisis de sus problemas y encuentro de soluciones. .
El empoderamiento supone en
definitiva hacer realidad el derecho de la persona mayor a la participación en
la vida social, cultural, política y productiva de su entorno; el derecho a
contar con espacios sociales en los cuales las personas mayores puedan
identificar y trabajar sus necesidades en grupo; el derecho a asociarse
libremente para la satisfacción de sus necesidades propias: el derecho a auto gobernar la organización para constituirse en actores válidos de la comunidad,
con propuestas y estrategias para la solución de sus problemas; y el derecho a capacitarse
y educarse. Todo ello facilita la proyección de los mayores como grupo de
presión y de poder, potenciando sus posibilidades y recursos. Una herramienta
analítica con la que medir y promover la libertad de opción y de acción para
que definan sus propias vidas.
* Doctor en Ciencias de la
Educación
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