Nota del editor: Esta columna usa seudónimos para proteger
la identidad de las personas.
Cuando
hablamos de la experiencia del cuidado de una persona que vive con demencia, hay
un tema que parece ser incómodo de tratar y que relegamos a un segundo plano:
el sexo. No podemos desconocer, sin embargo, que el sexo es una necesidad
básica del ser humano, el medio por el cual nuestra especie no está en vías de
extinción, y un aspecto importante de nuestra identidad.
Además, sabemos que con la edad no desaparecen ni el interés ni las prácticas sexuales, simplemente se modifican.
Cómo cambian las conductas sexuales con la demencia
Vale
la pena enfatizar y comprender que:
- La sexualidad contempla aspectos biológicos, psicológicos, sociales y culturales que, cuando se los considera integralmente, nos permiten reconocer el valor que tiene el sexo en el bienestar y la calidad de vida que experimentamos a medida que envejecemos.
- Estamos viviendo muchos años más que anteriores generaciones, y por tanto es más alto el número de personas con algún tipo de demencia.
- En las parejas, cuyas vidas han cambiado debido a la demencia, la intimidad en muchos casos es la única forma de comunicación que queda en su relación.
- Ser diagnosticado con demencia no implica la desaparición repentina del deseo sexual.
Ejemplos de la vida real
Al describir un día en el cuidado de su esposo, quien
vive con enfermedad de Alzheimer desde hace 6 años, Gloria explica: “durante el
día hago el papel de madre, lo baño, lo visto, debo recordarle cómo comer, y lo
mantengo ocupado con tareas simples. De pronto, él empieza a acariciarme y sé
que lo que quiere es tener sexo. Mi mente no siempre logra reconciliar la idea
de tener sexo con quien se comporta como un niño la mayor parte del tiempo”. A
su vez, Rodolfo, quien cuida a su esposa, comparte: “No siempre estoy seguro de
interpretar correctamente sus avances y caricias. Ella ya casi no habla, pero
sus besos, sus abrazos y sus caricias no los interpreto como un “No”,
especialmente si soy yo el que inicia nuestro encuentro sexual. No es cuestión
de saber y respetar que “No” es “No”, es cuestión de saber que ella ya no puede
decir “Sí”, dice Rodolfo.
El deterioro cognoscitivo, causado por la demencia,
cualquiera que sea su origen, trae consigo desafíos para las parejas, en los
que se incluye la sexualidad. La pérdida de memoria puede causar dificultad
para recordar la secuencia del acto sexual o el nombre de la pareja, o para
poder comunicar deseos y preferencias.
Con el tiempo, la persona con demencia puede
desarrollar conductas agresivas, o celos infundados, entre otros, que pueden
crear inseguridad, enfado y desesperación en la pareja, provocando una ruptura
en la intimidad. En estos casos, te recomiendo llevar a cabo una conversación
franca y abierta con los profesionales de salud de tu confianza. A menudo los
amigos y los hijos adultos son parte de estas conversaciones que tienen como
objetivo:
- Respetar al individuo que vive con demencia y aprender acerca de los síntomas de la enfermedad y sus efectos en la sexualidad.
- Ayudar a la pareja del individuo con demencia a establecer límites de conducta e identificar estrategias a seguir si la conducta es inapropiada o pone en peligro físico a la pareja. El uso de la distracción puede ser de gran ayuda en estas situaciones.
- Ayudar a crear —si es lo que desea la persona— espacios y tiempos para la intimidad.
- Considerar la posibilidad de que las pérdidas experimentadas por la persona con demencia tienen un efecto acumulativo, lo que pude traducirse en baja autoestima, y deterioro del concepto que tiene de sí misma. Por lo tanto, la persona puede estar tratando de valorarse más a sí misma a través de la actividad sexual.
- Explicar a la pareja de la persona con demencia que esta enfermedad puede causar una pérdida total de la inhibición y reflejarse en comportamientos hipersexuales o inapropiados como:
- Interés
obsesivo en actividades sexuales;
- masturbación
excesiva o en público;
- conductas de
cortejo o afectivas hacia otra persona que no es la pareja;
- comportamientos
agresivos y violentos.
Carlos relata acerca de su pareja: “Fue bochornoso
tener que llamar a la agencia de servicios domiciliarios para que no enviaran
más fisioterapistas varones. Sencillamente las conductas pasaron de ser un
galanteo a avances sexuales y caricias en los que no le importó que yo
estuviera presente”. Otra persona comparte: “Si este medicamento no funciona no
sé qué va a pasar, esta es la cuarta institución que se rehúsa a tenerlo como
residente. No deja en paz a las residentes ni al personal de enfermería, ya
pasó de acosar a las mujeres a ponerlas en peligro. Me duele ver así a alguien
que se comportó con decoro toda su vida”.
Estos ejemplos ilustran la gran variación que resulta
de las conductas sexuales inapropiadas que pueden presentarse en las personas
que viven con demencia. El primer paso para entenderlas es informarnos acerca
del proceso biológico que puede causar dichas conductas. Para manejarlas, es
indispensable conversar abiertamente con geriatras, psicólogos, y el equipo de
profesionales de salud de tu confianza. También existen grupos de apoyo que
podrían resultar útiles.
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