La noticia asaltó ayer las redes sociales: la empresa que gestiona el
parqué de la Bolsa de Madrid, BME, ha decidido expulsar al pequeño grupo de jubilados que
diariamente acuden a observar la tranquila o frenética rutina, depende de la
semana, del mercado de valores más importante del país. Los motivos, variados,
aunque un portavoz de la compañía esgrimió uno esencial: dan mala imagen, salen
por la tele y el espectador los asocia con ancianos asquerosamente millonarios.
La soledad como elemento central en sus vidas. Naturalmente,
esto tiene consecuencias en nuestro equilibrio psicológico, nuestro estado
emocional y nuestra personalidad. Las personas mayores que llevan toda su vida
trabajando de repente se encuentran con mucho tiempo libre, no siempre
acompañado con suficientes alternativas de ocio. Hay varios estudios que se
centran en cómo afrontar este nuevo estatus. Uno de ellos es "Ocio en los mayores: calidad de vida", realizado por Inés Alcalde, psicóloga, y Milagros Laspeñas, socióloga.La soledad es un elemento central a la vida de nuestros mayores. Conforme
pasan los años, nos volvemos personas más solitarias. No se trata de una elección propia o consciente,
sino resultado de distintos procesos al que nos vemos enfrentados las personas
conforme nos hacemos mayores. Nuestros hábitos diarios cambian de forma
drástica: quizá el más importante de todos sea el aparejado a la jubilación.
Dejamos de ser personas activas y nos convertimos en personas pasivas.¿Por qué los abuelos miran las obras?
Acudir a la bolsa sentarse en un parque son actividades gratuitas y lejos de casa, de fácil acceso y que permiten mantener una rutina heredada de los hábitos laborales
Acudir a la bolsa sentarse en un parque son actividades gratuitas y lejos de casa, de fácil acceso y que permiten mantener una rutina heredada de los hábitos laborales
La estampa es habitual para cualquier persona que haya paseado por las
calles de su ciudad al menos un puñado de veces. Hay grupos de abuelos por
doquier: se reúnen en las esquinas de las calles observando el ruidoso
transitar de las obras, en los bancos de las plazas públicas alimentando a las
palomas, a la sombra de un árbol en un parque, cerca de una fuente pública en
verano. Siempre están juntos y no aparentan hacer nada. Un símbolo del
envejecimiento de un país vetusto.
Merece la pena preguntarse a qué se debe esto y si quizá somos injustos
con ellos.
Como explican, el proceso de envejecimiento tiene dimensiones
socioculturales que se expanden más allá de nuestro progresivo deterioro
físcio. La vejez, en este sentido, tiene diferentes lecturas y edades, entre
las que los distintos mayores pueden moverse en función de su aproximación
personal. Hay, sin embargo, un elemento clave: nuestro estilo de vida cambia,
porque ya no trabajamos, y también nuestras relaciones sociales, que en
muchas ocasiones se reducen. El estatus social se modifica.
El abanico de opciones en el que emplear el tiempo de ocio varía en
función de las condiciones sociales, educativas o de salud de cada individuo.
En general, según se desarrolla en el trabajo, las personas mayores tienden a
elegir patrones posteriores a su vida laboral que imiten a los anteriores, de
modo que se sientan realizados con ellos. El ocio estaría relacionado de este
modo con esas preferencias determinadas, pero también con su capacidad de
acceso a diversas actividades.
Para la mayoría de los mayores, sin embargo, lo más sencillo es realizar
actividades gratuitas, ya sean activas o pasivas. Como recuerdan en este otro trabajo enfocado en la
soledad de los ancianos, la forma más común de empleo del ocio en la
tercera edad es o bien ver la televisión y escuchar la radio o bien salir
a pasear. La primera implica socializar de forma telemática y no
directa; la segunda, hacerlo a menudo en compañía, con otras personas en su
misma situación.
En todo este proceso, como hemos comentado más arriba, juega un papel
determinante la soledad. Hay varios factores que la explican: por un lado, los
hijos han abandonado el hogar; por otro lado, los amigos y las parejas van
falleciendo de forma progresiva; finalmente, muchos de nuestros mayores
encuentran una carencia de actividades placenteras en las que emplear su tiempo
de ocio.
¿De qué modo se relaciona todo esto con mirar las obras o acudir a la
bolsa a observar cómo cambia el mercado de valores? Por un lado, ambas son
actividades que se realizan de forma gratuita y lejos de casa: son de
fácil acceso y permiten mantener cierta rutina heredada de los
hábitos laborales, al no pasar todo el tiempo dentro de las cuatro paredes del
hogar. Por otro lado, no son actividades solitarias y tienen un alto componente
grupal, una necesidad presente en sus vidas.
Los beneficios del ocio sobre la salud de los mayores están probados en
otros trabajos, como este. Los ancianos se sienten mejor,
acompañados y realizando una actividad en cierto sentido productiva, que
inútiles sentados en los sofás de sus casas. Es por ello que los ayuntamientos
implantan programas de ocio y de actividades orientadas específicamente a la
tercera edad. Aunque los resultados no son tan satisfactorios como cabría
esperar, tienen un efecto positivo en sus vidas.
Como se explica en este otro estudio, el ocio
de nuestros mayores debería importarnos. Y cada vez más, dado el envejecimiento
de nuestra sociedad. La jubilación debe ser una etapa feliz en nuestras vidas,
y no lo es en todos los casos, a menudo por un deficiente empleo del tiempo
libre o de cierta estigmatización social (como la realizada por la Bolsa
de Madrid). En datos de 2007, nuestros ancianos aún tienen prácticas de ocio
hogareñas, recluidas y poco específicas a lograr una realización personal a
través de una actividad no pasiva.
Y eso es un problema, no sólo moral en el tratamiento que nuestra
sociedad ofrece a la tercera edad, sino también físico y mental: el ocio
puede ser terapéutico; la carencia de él puede tener efectos letales, como el suicidio, en los mayores; y, en
términos genéricos, contribuye a mejorar su salud y su calidad de vida.
Es necesario, aunque no estemos prestando la suficiente atención.
Y no hay mejor ejemplo de ello que la decisión de la Bolsa de Madrid de
impedirles entrar más al edificio, aireando públicamente que suponen un
estorbo. Se trata de su ocio, quizá el único al que esos mayores accedan,
de un entretenimiento que les produce satisfacción a falta de mejores
alternativas, que ahora se ve coartado por motivos de imagen, en singular
simbolismo de la situación a menudo de abandono y soledad al que nuestros
mayores se enfrentan tras la jubilación.


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