Especialistas advierten,
con preocupación, que crecen los casos de ancianos adictos a drogas
legales, como tranquilizantes, e ilegales, como marihuana. Sí,
aunque parezca extraño, afirman que suele observarse con frecuencia
a abuelos compartiendo un “porro” con sus nietos.
No se trata de una
reacción al fallo de la Corte Suprema de Justicia -que en agosto
pasado despenalizó la tenencia de pequeñas cantidades de cannabis
para consumo personal- sino un proceso cultural que incluso se
replica en otros países, como Estados Unidos.
El presidente de la
Asociación Antidrogas de la República Argentina (AARA), Claudio
Izaguirre, confirma esta tendencia, y subraya que en nuestro país
también crece la adicción a los medicamentos por parte de los
adultos mayores.
A diferencia de otras
épocas, el fenómeno se visibiliza cada vez más e incluso es
replicado por la industria cultural. La novela “Más respeto, que
soy tu madre”, que primero se publicó en internet y hoy es un
suceso en el teatro -en una obra donde descolla Antonio Gasalla-
tiene como protagonista a una sacrificada ama de casa, que debe
lidiar con un marido desocupado y un suegro que fuma “porro
terapéutico” junto a un nieto adolescente.
Izaguirre remarca el
aumento de casos de abuelos que fuman marihuana “convencidos por
sus nietos que, tomándolo como una gracia, les dicen que los hará
estar más tranquilos o no sufrir dolores de huesos, por ejemplo”.
Según analiza,
“adolescentes y jóvenes incitan a sus abuelos a consumir
marihuana para uso médico, a fin que evitar dolores propios como la
artritis.
Muchas veces toman las
pastillas que ingieren normalmente y también fuman porros”.
En este contexto, los
ancianos también accederían a fumar marihuana como una excusa más
para compartir tiempo junto a sus nietos. “El problema es que en
este país no hay lugares destinados a tratar este tipo de adictos.
Porque el consumo de esta sustancia les cambia la forma de
percepción y tienen problemas familiares. Sus hijos se encuentran
con una criatura de 75 años”, comenta Izaguirre.
En este sentido, el
titular de la AARA sostiene que “la consecuencia es que, bajo los
efectos de la droga, el anciano tiene más posibilidades de sufrir
caídas por mareos, con el riesgo de que se rompan los huesos.
Además, la marihuana anula los efectos de los medicamentos que toma
la persona. Y como además es un fuerte depresor, puede producir en
algunos adultos mayores cuadros de depresión, lo que aumenta la
posibilidad de suicidio”.
Un boom en Estados
Unidos
El uso de la droga
ilícita más popular de los Estados Unidos es cada vez más
frecuente entre los ancianos, que fueron protagonistas del llamado
“descontrol de las décadas de 1960 y 1970” en ese país. El
porcentaje de personas mayores de 50 años que admite usar marihuana
subió del 1,9% en el 2002 al 2,9% en el 2008, según estudios de la
Administración de Abusos de Sustancias y Servicios de Salud Mental
(Substance Abuse and Mental Health Services Administration).
El incremento fue
particularmente notable entre las personas de 55 a 59 años: se
triplicó, del 1,6% en el 2002 al 5,1%. Muchos estudiosos
pronostican que esos porcentajes seguirán aumentando a medida que
envejece la generación de los ‘’baby boomers’’ de
postguerra, que abarca a los nacidos entre 1945 y 1964. Muchos
miembros de esa generación nunca tuvieron nada contra la droga e
incluso la consumieron años atrás.
Algunos la siguieron
usando, mientras que otros la dejaron de lado y ahora vuelven a
consumirla por placer o para combatir los dolores asociados con la
edad. Quienes proponen la legalización de la marihuana creen que la
popularidad del cannabis entre los ancianos podría ser un elemento
importante con miras a su aceptación.
Numerosos ancianos
afirman que se han reencontrado con la droga luego de estar muchos
años alejados de ella y que la droga alivia muchos males de la
edad. Quienes sufrían dolores horribles causados por la artritis y
problemas en la columna, cansados de probar todo tipo de medicinas,
sin éxito, ensayaron con marihuana y afirman sentirse aliviados.
Incluso dicen que duermen mejor.
No obstante, los
expertos advierten que la marihuana puede causar mareos y caídas
entre los ancianos, aumenta las posibilidades de problemas cardíacos
y puede causar trastornos cognitivos.
Las legales se consumen
más
Pero el consumo de
cannabis es ínfimo si se lo compara con el volumen de drogas
legales que utilizan regularmente los adultos mayores. Y en este
segmento resulta preocupante el consumo excesivo de psicofármacos
en nuestro país. En este sentido, Izaguirre alerta por el consumo
sin control de calmantes en este segmento de la población.
“Por
un lado, están los que, al no poder dormir de noche porque
descansan largas siestas, le piden al médico algún relajante, y
luego no pueden dejar de tomarlo”, señala Izaguirre, y continua:
“también se da en los geriátricos, donde duermen a los ancianos
para que no molesten”.
Por su parte, Marcelo
Peretta, titular del Sindicato de Farmacéuticos y Bioquímicos de
la Argentina, también advierte sobre la ingesta excesiva de
psicotrópicos en la tercera edad. “Se estima que 9 de cada 10
adultos mayores de 65 años toman psicofármacos. Es indudable que
no todos lo necesitan.
Están sobreindicados,
sobreconsumidos, por lo que se crea en las personas un hábito que
termina siendo nocivo”.
Peretta considera que
“la demanda proviene de personas que no duermen, o están
ansiosas. Obviamente con la edad hay trastornos que deben ser
corregidos. Pero no son todos los casos. La industria farmacéutica
cada 5 años introduce un nuevo psicofármaco, ahora está de moda
el rivotril. El marketing presiona sobre los médicos y
farmacéuticos, hay un estímulo para indicarlo.
Incluso hay
falsificación de recetas para conseguirlos o muchas veces las
secretarias de los médicos son las que llenan las recetas. La
pregunta que cabe hacerse es si la mayoría de los adultos mayores
están enfermos o si en realidad hay un sobreuso del fármaco”.
QUE SE DIJO
“Están
los que, al no poder dormir de noche porque descansan largas
siestas, le piden al médico algún relajante, y luego no pueden
dejar de tomarlo. También se da en los geriátricos, donde duermen
a los ancianos para que no molesten”. (Claudio Izaguirre,
presidente de la Asociación Antidrogas de la República Argentina).
“Se
estima que 9 de cada 10 adultos mayores de 65 años toman
psicofármacos. Es indudable que no todos lo necesitan. Están
sobreindicados, sobreconsumidos, por lo que se crea en las personas
un hábito que termina siendo nocivo”. (Marcelo Peretta, titular
del Sindicato de Farmacéuticos y Bioquímicos de la Argentina).
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